Caso Real

A veces, la realidad supera a la ficción. Esta frase se ha convertido en un dicho, pero los casos que suceden a nuestro alrededor lo confirman a diario.

novelanegra

“Una vez descartado lo imposible, lo que queda, por improbable que parezca, debe ser la verdad”. Arthur Conan Doyle.

 

Real como la vida visma.

La novela negra se asienta en los casos reales que van ocurriendo en la sociedad día a día.

Nuestra inteligencia y nuestra imaginación se basan en la experiencia. Experiencia de años, de siglos, de generaciones, pero experiencia.

Por este motivo, se trata de un tipo de novela realista y crítica, hecha desde el punto de vista del que tiene que sumergirse a diario en el lodo de la calle para evitar que otros se ensucien.

Hoy afrontaremos un caso ocurrido recientemente. 

Caso real en novela negra

Valdemoro, Madrid, 16 de octubre de 2019

La noticia

La he sacado de la sección de sucesos de El Mundo.es, os dejo el enlace para que podáis disfrutar de ella, pero la resumo a continuación en palabras del propio periódico.

«Leandro Matías B., el «carnicero tatuador» de 26 años detenido por matar el miércoles a una joven de 18 años en Valdemoro, confesó con suma frialdad que cometió el crimen por una nimiedad. «La maté por reirse de mi acento colombiano», señaló el acusado de asfixiarla en un chalé…»

Este es el inicio del artículo. Sugerente, ¿no?

Los datos del caso:  

— El delincuente es esquizofrénico sin medicar y sin control ninguno de la enfermedad.

— Se llamaba a sí mismo «El Carnicero Tatuador» y como tal se anunciaba en las redes sociales a fin de captar clientela para su negocio.

—El tipo, parece ser que era seguidor de Hannibal Lecter, y la Guardia Civil encontró en el interior de la casa carteles de este personaje cinematográfico, así como catanas, cuchillos y elementos para hacer ritos satánicos y brujería. 

—Además el detenido también reunía a jóvenes bajo el pretexto de hacer brujería y reuniones satánicas como lo atestigua el material hallado en la casa, según las últimas pesquisas.

—El homicida usurpó en 2014 el chalé donde cometió el asesinato al saber que estaba vacío por el chivatazo de un conocido y en pocos días hizo los enganches ilegales de agua y luz para poder vivir. 

El Código Penal.

De todas las circunstancias observadas en el caso real tratado, quizá esta última sea la más grave porque se realizaba a la vista de todos y con el consentimiento de las autoridades públicas. La ocupación es un delito penado en el artículo 245.2, que en el colmo de la hilaridad castiga al infractor con multa de tres a seis meses. Una multa para delincuentes que viven en la insolvencia que les garantiza la más absoluta impunidad, y lo peor no es eso; lo peor es que el legislador, cuando escribió esa ley, ya lo sabía. Sabía que estaba castigando un delito con una pena imposible de cumplir en el 99,99% de los casos.

Pero, por si fuera poco, días después de la ocupación, conectó la luz y el agua de forma ilegal. De nuevo nos encontramos ante un delito recogido en el artículo 255 del C.P. que, como en el caso anterior, tampoco parece que haya sido perseguido ni haya importado a nadie que se haya cometido.

La realidad de este caso nos sitúa ante dos delitos contra el patrimonio que no está de moda perseguir. Dos delitos que se cometen a diario, cada vez con mayor frecuencia y con mayor impunidad. Dos delitos que no preocupan a nadie salvo a quienes los sufren de forma directa. 

El caso real del carnicero tatuador
Hay casos reales de asesinos que sienten atracción por el oficio de carniceros

Análisis de la ejecución.

No parece que haya habido preparación ni premeditación para cometer el delito; más bien se trata de la obra de un enfermo mental en el cenit de su paranoia que se deja llevar por el impulso animal que siente en ese momento y toma la decisión de vengar una ofensa mínima con la vida de su víctima. «Crónica de una muerte anunciada» parafraseando a mi admirado Gabriel García Márquez.

Lo que sí hubo fue intención de deshacerse del cadáver, de ocultarlo para no ser descubierto y, en ese cometido pidió la ayuda de una amiga. La crueldad del método empleado para ello pone de manifiesto que era plenamente consciente de la acción cometida y que para él, aquel cuerpo no era más que carne y desprenderse de él, un simple trámite necesario. 

El caso es que el tipo era un asesino en potencia y todos lo sabían; todos los que lo conocían. Puede, incluso, que también la propia víctima. Quizá ya lo hubiera hecho con anterioridad y por eso ahora actuó con tanta naturalidad y seguridad, pensando en la extensión de la impunidad… quizá.

El caso real del carnicero tatuador

Dudas sobre la realidad del caso.

A los efectos de la investigación criminal, todo está claro: Un actor, una víctima, colaboradores, arma del crimen, escenario, cuerpo del delito…

Pero la pregunta es: ¿Quién mató realmente a la joven?, ¿Leandro?, ¿solo Leandro? Sí, él fue el brazo ejecutor, pero, ¿y el Estado, la Sociedad, las Instituciones sociales encargadas del orden y de la justicia?, ¿ellas no tienen ninguna responsabilidad?, ¿hicieron todo lo que estaba en su mano para proteger a la víctima?, ¿cumplieron con su obligación de evitar el delito?

Un análisis criminal del caso, hecho en profundidad, nos podría poner ante la realidad de que si alguno o algunos funcionarios públicos que cobran por ello, hubieran hecho sus deberes, ahora la chica de 18 años muerta aún estaría con vida, ¿no crees?

La Crítica Social.

En la sociedad en la que vivimos, no es raro encontrarse con ciudadanos que tienen la certeza de que la Instituciones públicas se encuentran más pendientes de proteger los derechos de los delincuentes que los de las propias víctimas. Que se dedica más dinero y recursos al cuidado del malo que a proteger al ciudadano honrado de las nefastas consecuencias de su actuación.

La realidad es que los impuestos los pagamos las víctimas para que las Instituciones nos protejan y evite que el delincuente nos mate, no para que lo detengan una vez que ejecutó su acción. ¿De qué le sirve ahora a la joven, a sus padres y amigos haber pagados los impuestos que les correspondían? ¿Alguien puede responder a esta pregunta?

La respuesta.

Yo os lo diré: le servirá para asistir al aquelarre que vendrá a continuación. Sí, he dicho bien, «aquelarre».

Esto no es ficción. Esto no es especulación. Esto es un caso real y ahí están y seguirán estando los datos de una forma permanente.

Ahora llegará la defensa de lo indefendible, la negación de la afirmación, el cuidado escrupuloso de los derechos del que no tiene derechos, su estancia en un hotel con gimnasio y piscina durante unos años, la reinserción del que nunca podrá ni querrá reinsertarse…

Todos para llegar finalmente a su puesta en libertad tras cumplir una pequeña parte de la condena  y volver a ejercer su derecho a la impunidad que, incluso, puede exhibir ante los propios familiares de su víctima. Este derecho solo está reservado para los delincuentes, nunca para quienes los sufrimos.

Volverá a delinquir, por supuesto, todos lo sabemos, las Instituciones también, pero no les importa lo más mínimo. Ellas se refugiarán tras una fría estadística que dirá lo que quieran que diga según el momento en que deba decirse, y la nueva víctima o víctimas verán sus derechos desprotegidos, mancillados, pisoteados, olvidados, ignorados…

Negro, muy Negro.

¿Que no es real el caso? ¿Que no es real la crítica? No iréis a pensar ni por un momento que sería la primera vez que ocurriera. ¡Esto pasa todos los días!, querido amigo. Es la realidad del caso y de la vida misma.

¿De verdad pensáis que solo fue Leandro el asesino? ¿Podría estar la joven viva si otros hubieran actuado a tiempo?

Para los que sigáis con dudas os diré, que el artículo 408 del C.P. recoge como delito, la omisión del deber de perseguir un delito.

La noticia no dice nada al respecto, pero sería interesante conocer si el asesino en cuestión residía en España de forma regular (con permiso de residencia o similar) o irregular, ya que en este segundo caso (el más probable) la situación sería aún más grave.

Para terminar os diré que si leéis el periódico, os encontraréis con que, en el colmo del despropósito de este caso real, la mujer que denunció el asesinato a la Guardia Civil también ha sido encarcelada acusada de encubrimiento. Sí, eso dice la noticia; lo que, por otra parte, no hace más que confirmar que nos hemos vuelto todos locos.

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